Separados por un espacio, que se articula en direcciones contrarias pero que se encuentran en un punto que es difícil de explicar, tal vez la distancia provoca un contacto direccional entre ecos inconscientes que se logran sincronizar en medio de las moléculas que flotan en el aire, un fenómeno de vibración ocasionado por el destello de pensamientos sincrónicos o el resultado de algún proceso cuántico.
Bajo un mismo cielo, se cubre un sinónimo de aromas que me recuerdan un abrazo intenso que solo se difumina en el arte de comprender lo que un buen eco de palabras cubre la esencia intacta de un nuevo amanecer.
La misma templanza del viento es el que suscita entre los arbustos, generando latidos que protegen la sensibilidad de vivencias que por medio de la continuidad, van procesando recuerdos de hechos activos entrelazados por hilos muy finos pero difíciles de romper, son estas evocaciones que se enfrentan en la memoria pero nunca van al olvido.
Amo, esa magia existencial de viajeros inmóviles, de aproximaciones lejanas, de añoranzas venideras.
La evocación de imágenes imborrables subyacen en acuarelas precisas o imprecisas, tal vez el mismo pincel hace sus trazos y en algún tiempo la obra de arte estará terminada y nosotros localizados en algún punto del mejor paisaje que algún día se hubiese conocido y donde será nuestro destino de encuentro, pero de igual esto que les comento es un ideal que se puede realizar o en el caso contrario sea tan solo una exquisita obra de arte solo para apreciar desde otro espacio y saborear como un recuerdo.
© Yenny Lorena Rodríguez G

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